
Seguramente ustedes han visto en televisión –en su casa, con sus amigos o en algún negocio– los comerciales de una marca de jabón “anti-acné” producida por la empresa “Genomma Lab”. No es mi intención hablar de la evidente falta ortográfica en el nombre de esta compañía, ni mucho menos hacer apologías gratuitas de sus productos, ni de las supuestas virtudes como empresarios de sus dueños. Para ello están varios conductores de televisión y algunos columnistas de periódicos de circulación nacional.
Sin embargo, me parece completamente criticable la frecuencia ad nauseam con la que la televisión transmite los comerciales de esta empresa, lo repetitivo de su discurso anclado en la explotación de la inseguridad de muchos adolescentes y las personas que sufren de algún padecimiento y, sobre todo, su constante llamamiento a la auto-medicación.
Además de comerciales a toda hora, la marca de jabones “Asepxia” (otro horror ortográfico) tiene un sitio web dedicado a bombardear los sentidos de sus visitantes con publicidad. En él se muestran “consejos de salud” que invariablemente recaen en la promoción del dicho jabón y secciones dedicadas a los potenciales clientes adolescentes en el que se explotan clichés acerca del valor de la apariencia personal y se enfatiza la importancia de “tener una piel limpia”.
Recordé todos estos nefastos trucos publicitarios cuando leí esta semana una nota en la revista The Scientist en donde se comenta un artículo publicado a finales de agosto en la revista médica especializada The Lancet. En él, los investigadores Hywel C. Williams, Robert P. Dellavalle y Sarah Garner, discuten varias de las causas y de los tratamientos para el acné. Su conclusión es que la mayoría de los tratamientos para este padecimiento carecen de pruebas suficientes acerca de su efectividad.
Además, no existen pruebas comparativas entre distintos tratamientos y hay pocos experimentos que comprueben su eficacia. La nota de The Scientist señala que esta carencia de información ha provocado que existan pocas recomendaciones generales para el tratamiento del acné que estén basadas en experimentos realizados.
Hywel C. Williams, quien dirigió la investigación, señala que también resulta preocupante el exceso de utilización de antibióticos en algunos tratamientos. El riesgo de esta manera de tratar el acné es que el paciente consume durante un tiempo prolongado dosis pequeñas de antibióticos, lo cual es un escenario bastante adecuado para que muchos microbios desarrollen resistencia a ciertos medicamentos.
Las causas del acné son igualmente oscuras. Si bien se sabe que la dieta, la exposición a la luz solar y la higiene de la piel influyen, aún no es claro hasta qué punto lo hacen y el peso de otros factores que están involucrados.
Los jabones anunciados en la televisión, al igual que muchos otros tratamientos, no tienen ningún experimento comparativo serio que les otorgue mayor efectividad sobre cualquier otro jabón neutro. Aún si mostraran ser efectivos, tampoco es claro que la limpieza de la cara sea el factor más importante que influye en el desarrollo del acné. La ventaja de los ‘tv-jabones’ radica en la cantidad de publicidad en televisión que tienen y en la explotación del “auto-estima” de la gente que está expuesta a sus spots.
Como en muchas investigaciones médicas, estamos en un aparente callejón sin salida. Esto no es necesariamente un problema si entendemos que parte de la investigación médica consiste en pasar por embrollos de este tipo. El verdadero problema es no reconocerlo y lucrar con recetas milagrosas.
Fuentes: The Scientist, The Lancet, FierceBiotechNews
ACTUALIZACIÓN: Hace unos días COFEPRIS retiró del mercado varios "productos milagro", entre ellos los jabones Asepxia. La nota aquí.
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