
Las estrellas (una roja y la otra anaranjada) están ubicadas a 200 años luz de distancia de la Tierra, en una constelación llamada Cygnus (“El Cisne”). Tienen una talla del 20% y 69%, respectivamente, el tamaño de nuestro Sol y orbitan entre sí durante 41 días. El planeta que gira en torno a ellos es del tamaño de Saturno y se nombró Kepler-16b debido a que ha sido observado por primera vez gracias al laboratorio espacial Kepler de la NASA.
Los astrónomos se dieron cuenta de que este sistema tenía dos estrellas al observar cómo se eclipsaban entre sí con regularidad. De inmediato, muchos –incluyendo a los astrónomos que realizaron el hallazgo– hemos recordado la imagen de Luke Skywalker en Star Wars IV: Una nueva esperanza (1977) cuando observa desde su granja en el desértico planeta Tatooine el atardecer de los dos soles sobre los que gira este planeta imaginario.
Laurance Doyle del Instituto SETI de Mountain Dew, California, quien lideró el equipo de trabajo que presentó esta investigación el jueves pasado en la revista Science, nos da algunas pistas de cómo debe lucir la “puesta de soles” desde Kepler-16b: “…en este caso, algunas veces tendríamos un atardecer en donde las (dos estrellas) están bastante alejadas entre sí y quizás la estrella roja se oculte primero, y quizás el siguiente mes la estrella anaranjada se oculte primero… Y algunas veces ellas se ocultan tocándose entre sí, otras veces ellas se ocultan eclipsándose”.
La vuelta completa de Kepler 16-b a sus dos estrellas dura 229 días. Además, según Doyle y su equipo, el planeta no luce para nada como Tatooine. Al contrario de las imágenes de paisajes desérticos en donde R2D2 y C3PO conocen a Luke, este planeta está congelado, formado de gas y con un núcleo rocoso.
Quizás sea por la comparación directa con el universo de Star Wars pero, aunque no exista vida en Kepler 16-b, me es imposible no tratar de imaginar cómo lucirían las cosas desde ahí. Para ello, Jonatan Jones, columnista del periódico inglés The Guardian, nos sugiere consultar al reconocido autor de ciencia ficción Isaac Asimov. En un relato corto llamado “Atardecer”, Asimov narra un mundo rodeado de seis soles, en donde nunca deja de haber luz natural, hasta que unos investigadores descubren que cada 2049 años los soles se ocultan.
En su columna, Jones nos invita a pensar en todos los elementos culturales que nuestras sociedades asocian al ciclo día-noche. Cualquier cultura en la Tierra parece haber representado este fenómeno de maneras distintas y le ha concedido su merecida importancia. Piensen en nuestras actividades cotidianas, en la agricultura, en las estaciones del año o hasta en nuestras monedas de diez pesos con la Piedra del Sol mexica. El Sol es parte de nuestra identidad, ¿cómo sería nuestra cultura si, en vez de un Sol, tuviéramos dos estrellas?
Jugar a imaginar algo así me intriga. Por ahora, el grupo de trabajo de Doyle investiga de qué manera un planeta puede orbitar de manera estable alrededor de dos estrellas. Yo, por lo mientras, he descargado de internet el relato corto de Isaac Asimov.
(Fuentes: NPR, Nature News, The Guardian, ABC.es)
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