viernes, 16 de septiembre de 2011

¡Demonios! ¡Un cáncer contagioso!


Cualquiera que haya visto caricaturas recuerda al inquieto y glotón Demonio de Tasmania. Aunque quizás las animaciones hechas por la ‘Warner Brothers’ sean la referencia más trillada para hablar de este marsupial, no deja de llamar la atención que “Taz” apareciera frecuentemente en un ambiente televisivo que usualmente está reservado para animales que nos resultan mucho más familiares como conejos, puercos, canarios, gatos, ratones o patos.

En la vida real los Sarcophilus harrisii (nombre científico de los demonios) son muy poco comunes: sólo viven en la Isla de Tasmania, al sur de Australia, y son los marsupiales carnívoros más grandes que se conocen. Los demonios alcanzan los 80 centímetros de largo y 30 de alto, llegan a pesar 12 kilogramos y pueden abrir sus mandíbulas hasta 80 grados (los humanos usualmente sólo llegamos a 50 grados).

Son de hábitos nocturnos y emiten chillidos y gruñidos que, aunque son bastante impactantes, parecen ser parte de un ritual que impide peleas demasiado dañinas cuando varios individuos se juntan para alimentarse de un cadáver. A pesar de esto, en sus peleas no faltan mordiscos dirigidos a la cara del contrincante y actualmente este comportamiento tiene consecuencias más graves que las heridas de dientes en el rostro.

Desde 1999, el tamaño de la población de Sarcophilus harrisii ha disminuido casi un 70%. La razón es una enfermedad sumamente rara: el tumor facial de los demonios, o DFTD (por sus siglas en inglés), que afecta exclusivamente a esta especie y es uno de los tres tipos de cáncer conocidos que se transmiten como una enfermedad contagiosa. Las células cancerosas de los demonios infectados se transmiten a través de los contactos entre las heridas provocadas durante las peleas. Posteriormente, las células comienzan a proliferar en el hocico y rostro del nuevo huésped, a tal punto que impiden que el demonio pueda comer. Los individuos con DFTD mueren pocos meses después.

Aunque se ha observado que el cáncer ataca exclusivamente a esta especie, el impacto de la enfermedad ha sido tal que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (IUCN) ha agregado a Sarcophilus harrisii a la lista de especies en peligro de desaparecer. Y pese a que desde hace varios años se ha investigado la enfermedad y se han encontrado individuos que son inmunes, aún no se encuentra cura para los demonios infectados.
Por ahora, los esfuerzos por conservar esta especie se enfocan en criar poblaciones de demonios que no han contraído el cáncer. El destino de los demonios de Tasmania es incierto, así como el de las posibles curas para una enfermedad tan rara como el DFTD.

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